Tras noventa días de trayectos con laptop, lluvia esporádica y paradas bruscas, la cremallera principal mantuvo alineación gracias a dientes metálicos, pero el tirador plástico se fracturó al engancharse con el manillar. El tejido reforzado evitó roturas por abrasión en esquinas, aunque el recubrimiento interno perdió impermeabilidad progresiva. Un simple hábito de secado invertido y lubricar cremalleras con grafito habría evitado el primer susto bajo una tormenta pesada.
La funda blanda absorbió golpes leves, pero se aflojó cerca de los botones, dejando entrar polvo al puerto. Aparecieron microarañazos al apoyar el móvil boca abajo en mesas rugosas. La batería, cargada cada noche y con calor en el bolsillo, perdió autonomía perceptible al cuarto mes. Usar carga lenta, limpiar conectores semanalmente y elegir un borde elevado real en la funda retrasó arañazos y mantuvo sensación de nuevo por más tiempo.
All Rights Reserved.